Crónica 2: Harry Potter de J. K. Rowling

22:41:00

Historias que marcan II

Leyendo en desorden

Escribir sobre la saga que marcó tu infancia es difícil. Ser objetivo –en realidad, todo es subjetivo- es un reto mayúsculo al enfrentarse a Harry Potter y la historia que me cultivó el gusto por la lectura. Si tuviera que decir algo sobre ella sería eso: por ella estoy aquí, por el chico de la cicatriz leo fantasía. Leo, en general.

Lo primero que debo destacar sobre mi experiencia leyendo a Potter es que no la leí en orden. Empecé con Harry Potter y el Misterio del Príncipe –tal vez por eso sea mi favorito-. Mi primo estaba leyéndolo y el muy cruel me contó un spoiler mayúsculo que no quería creer –ya saben cuál, es lo más destacado de este tomo-. Por tanto, se lo pedí prestado. Hasta mi padre se sorprendió. En la primaria, dado que yo era un fanático-desquiciado de las películas, me había comprado La Piedra Filosofal y La Cámara Secreta, sin duda pensando que con ello me acercaría a la lectura. Se llevó un chasco, seguramente, y esos dos libritos se quedaron por años arrumbados. Al menos, aunque no en el tiempo que él esperaba, les di un uso. Mucho.

Leí El Príncipe Mestizo en dos semanas. No podía creerlo. Incluso cuando era mi hora de dormir, esperaba a que mis padres también se fueran para prender la lámpara y leer clandestinamente en la noche. Qué badass y rebelde me sentía. Iba en la secundaria, pobre de mí. Lo que mi primo me había contado, sin embargo, era cierto y estaba con el trasero tan torcido que le pedí a mi padre que me lo comprara y lo volví a leer en menos tiempo. Mi primer shock literario. Otra vez, pobre de mí. 

Por supuesto, dado que no había leído los anteriores libros, hubo detallitos por aquí y por allá que no comprendí del todo, pero no importaba. Estaba enamorado. En este libro aprendí la historia de Voldemort, me identifiqué con Harry y su sueño húmedo por Ginny –claro, Rowling no lo expresa así, pero venga, es así-. Además, las películas apenas iban en el Cáliz de Fuego y yo ya sabía lo que pasaría en futuros años. Estaba por delante de mis amigos. Ay, ese primer sentimiento prepotente y autosuficiente típico de los lectores que, cuando sale la adaptación audiovisual, se regodean con el sufrimiento e incertidumbre de los vírgenes.

Pero claro, quería saber más. Tenía que. Era 2007 y La Orden del Fénix estaba por estrenarse en cines. Supliqué a mi padre que me comprara el libro, ese tochazo de 900 páginas que ni él mismo creyó que terminaría. Lo hice, en tres semanas, casi un mes, pero estaba con el hype por las nubes por la inminente película que fui al estreno, mi primer estreno en cines

Mi primera decepción. Tanto por adaptación de un libro como por una película de Harry Potter. David Yates llegó y destrozó todo. Toda la magia. Pero lo que hicieron con el guion de la Orden es algo que nunca perdonaré. El montaje tan mal cortado, las escenas que a veces parecen grabadas con desgana, sin emoción, incluso todos los actores parecen aburridos. Cuando salí de la sala no sabiendo muy bien si me había gustado o no fue la primera pista. Cuando a la segunda vez fui a verla y me convencí de que no, esto estaba mal, lo supe. Supe que no esperaría nada de la adaptación de El Misterio. Quizá por ello disfruté más ese filme –y tiene un poco más de chispa-, a pesar de que sigue siendo muy insípido, como la siguiente. Creo que solo la segunda parte de las Reliquias sale airosa, pero ese es otro tema.

El libro de las Reliquias de la Muerte estaba por publicarse. Y me faltaban libros por leer –siempre faltan libros por leer. Así que, finalmente, en tiempo récord desempolvé los primeros dos libros y los leí. Lo ideal habría sido continuar con El prisionero de Azkaban, pero como mis padres no lo encontraron en la librería cercana para regalármelo por el Día del Niño, me trajeron El Cáliz de Fuego. Me dio igual, no quise esperar. Aunque no tardé mucho en también conseguir el tercero, al que de hecho le tenía más ganas porque su adaptación cinematográfica por parte de Alfonso Cuarón seguía –sigue- siendo mi favorita.

En resumen, que mi orden de lectura fue el siguiente: 6, 5, 1, 2, 4, 3 y 7. No comprendo cómo mi cabeza no hizo cortocircuito. Cuando llegó la traducción al español de Las Reliquias en febrero de 2008 ya estaba más que preparado –en realidad, el dinero de mi padre ya estaba más que apartado-. Por supuesto, antes de que llegara releí todos, esta vez sí en orden. El principio del fin –porque aún quedaban películas- estaba aquí. Y claro, aún faltaban relecturas, porque antes de cada estreno en cines volvía a leerlos. Todos. Venga, una locura, una obsesión. Es una obra generacional que sigue cautivando todos los días a nuevos lectores, como lo hizo conmigo. ¿Por qué? Pues por muchas razones.

Cautivando generaciones

En el mundo donde vives existe otro. Uno mágico. Mejor aún, hay una escuela y podrías entrar a ella. ¿Quién no quería ser Harry Potter? Por favor, todos hemos fantaseado con que nos llegará nuestra carta de Hogwarts para irnos a aprender magia. Tuvimos varitas y nos creíamos magos superpoderosos. Identificarse con Potter es sencillo, porque Rowling nos presenta a un niño que podrías ser tú o yo, pero que le pasa algo extraordinario y de pronto queremos también que nos pase. Además, este mocoso al que leerás y verás crecer y madurar no es un chico perfecto. Como muchos estudiantes, ir a clases es tedioso, la temporada de exámenes es un infierno. No es el mejor en sus materias, pero es responsable y da su mejor esfuerzo. Comparado con otro personaje actual de la fantasía, Harry debería ser mejor valorado por su humildad que cierto Gary Stu -Coff, Kvothe, coff-.

Rowling juega mucho con el concepto del detective en estas primeras novelas. Harry, Ron y Hermione, ambos amigos entrañables y con los que todos quisiéramos contar, son una especie de miniespías que van siguiendo pistas aquí y allá, recolectando información y que descubrirán que no todo es lo que parece al final. Venga, un manual de novela de misterio, pero que está bien hilado, engancha y está aderezado con magia.

Sorprende la capacidad de la autora para que en la Piedra Filosofal se nos vayan presentado un montón de secundarios, entre maestros y compañeros, pero todos con una firma única, perfectamente identificables, pues los acompañaremos por muchas novelas y a muchos también los veremos madurar junto al protagonista. Neville, el ejemplo más aplaudido.

La escritora británica no habrá inventado el concepto de la escuela de magia en la literatura fantástica, eso quizá se lo dejamos a Ursula K. Le Guin en Terramar, pero sí que lo desarrolló y lo volvió una entidad compleja, casi otro personaje. En cada novela de verdad sientes que estés en una institución educativa. Rowling te dice incluso en dónde quedan los baños de niñas y de niños. Cada pasillo con sus retratos y pasajes secretos, el modo de llegar a determinadas salas y salones… se tomó el tiempo para construirse un mapa -no solo el del Merodeador- y, sin necesidad de poner uno dibujado antes del primer capítulo como en múltiples obras del género épico, trasladarnos por cada recoveco de ese monstruoso castillo.

Sí, Harry Potter no escapa de los clichés del héroe, con todo y el señor oscuro incluido. Sin embargo, esa conexión entre ambos que comienza a hacerse evidente en La Cámara Secreta comenzará a incitarnos a nosotros los lectores a teorizar, a buscar pistas. Muchos, como yo, sin duda también se la pasaron horas en webs como Blog Hogwarts y Harrylatino leyendo las teorías, debatiéndolas, así como pendientes de las novedades de las películas y demás.

Creciendo junto a un personaje

Hablar de cada libro sería interminable, pero se debe mencionar la frescura de El Prisionero de Azkaban, que cambia el tono detectivesco de los anteriores dos, se olvida de Voldemort y nos comienza a revelar más detalles sobre los padres de Harry, cómo murieron y quién los traicionó. Tanto Rowling en su escritura como Harry como personaje van creciendo y desarrollándose. Con la presencia de los temibles Dementores, conocemos lo vulnerable que puede ser nuestro protagonista. También tocamos un poco de ciencia ficción con el viaje en el tiempo –yo aún tengo mi giratiempo de juguete-, además de que los personajes de Sirius y Lupin son adiciones que dotan a la trama de más emoción e intriga, mención aparte de lo carismáticos que son.

En el Cáliz de Fuego, Rowling dio un salto no solo en extensión –es un tocho de 600 páginas, contra las 300 del anterior- sino también cualitativo. Expande para nuestra sorpresa el mundo mágico, ya no solo limitándolo a Hogwarts, sino que nos enteramos que existen en el mundo otras escuelas, otros sistemas. Nuestro mundo no es el mundo. Conoceremos personajes de dichos lugares extranjeros, ampliándose además el tema de la magia tenebrosa, tanto con la inclusión de los Mortífagos como con el conocimiento de los tres hechizos imperdonables. Conceptos como la muerte, la tortura y la manipulación periodísticaRita Skeeter es asquerosamente inolvidable- empiezan a tomar fuerza en este libro. Además, la competición mágica del Torneo de los Tres Magos, antes de que los torneos fueran populares -Juegos del Hambre, ejem- aporta las dosis de adrenalina y expectación ante cada prueba. Sin mencionar esos tensos capítulos finales, con el esperado regreso de Voldemort, convirtiendo a este cuarto tomo el punto de inflexión en la saga.

La Orden del Fénix creo que es el que más falla de los siete. Si bien las ideas políticas de Rowling se ven más plasmadas aquí, integrando no solo manipulación mediática, sino al sistema de gobierno inmiscuyéndose en la educación, es un tomo al que una buena reducción no le habría venido mal. El libro tarda en arrancar, pese a que nos dan a un nuevo personaje al que odiar –Umbridge, ugh-, otro al que amar -Luna Lovegood- y que el vínculo entre Harry y Voldemort se intensifica, dándonos también una desmitificación de su figura paterna. Además, es en donde nos empiezan a soltar pistas sobre la relación entre Snape y Lily. Sin embargo, gran parte del libro es ver a Harry deprimido y enfurecido –aunque en parte se comprende- ante la manera tan desesperante de todo el mundo por “protegerlo” y que no le creen sobre el regreso del Señor Oscuro. Pero insisto, no es sino ante las últimas 150 páginas que la historia entra al clímax, que eso sí es bastante bueno, nuevamente alejando la acción de Hogwarts y trasladando los combates mágicos al Ministerio. Una buena ironía, sí, señor. Y claro, no podemos olvidar esa épica pelea entre Voldemort y Dumbledore.

Sobre el Misterio del Príncipe ya he mencionado que es mi favorito, aunque también hay que decir que da bastantes rodeos para llegar al punto final, que no es sino otra intrincada pieza del puzzle de Rowling para hacernos pensar que Snape es el villano y que Harry siempre tuvo razón sobre él. Por supuesto, el tema de los horrocruxes es descubierto, con lo que la autora aclara cómo es que Voldemort se las apañó para sobrevivir tras atacar a Harry. Y, aprender sobre su némesis, sus orígenes y cómo es que fue producto de la obsesión de una mujer por un muggle es algo que odié que dejaran fuera en la película.

Finalmente, las Reliquias de la Muerte arranca muy bien, pero la mitad del libro es insufrible. Casi 300 páginas de Harry, Ron y Hermione deambulando y yendo de campamento en campamento, con nuevos berrinches del pelirrojo que realmente aportan poco a la historia. Pero es el último libro y la batalla final que siempre debe haber llega en su máximo esplendor, con bajas de personajes bastante sorprendentes y dejándonos ese inolvidable pasaje en el que la verdadera cara de Snape es revelada. En serio, qué delicia de personaje, uno de los mejores escritos por la autora. También hay que aplaudir que se tomara la molestia para desmitificar a Dumbledore. Que sepamos sobre su vida después de muerto no es casual y que nos deje caer que tenía muchas sombras es cuanto menos interesante a la hora de retratar y encarar de manera diferente la figura del “maestro”, cuyas enseñanzas, eso sí, no desmerecen pese a sus claroscuros.

¿Cuántos potterheads de mi generación no pululan aún por el mundo? ¡Millones! Y aún siguen surgiendo muchos a montones, es quizá lo más destacado de esta saga. No se trató solamente de una historia de moda, la del momento –por mucho que Rowling siga empeñada en no dejarla ir-, sino que continuará atrayendo a lectores porque desprende maravilla, misterio, intriga y cada tomo va creciendo no solo en extensión, también en conflictos y temas más duros, siempre manteniendo un tono entre infantil y después lo que hoy llamaríamos Young adult.

No sé qué esperar de las próximas historias que ampliarán el mundo de Harry Potter. Me entusiasma la película de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, que cambiemos de escenario y conozcamos cómo es la magia en otras partes del mundo. Y Harry Potter and the Cursed Child quizá sea el intento de Rowling de sacar otra saga, tal vez enfocada en los hijos, tal vez una mezcla de ambos. Lo cierto es que serán para las siguientes generaciones y dudo mucho que los que ya somos adultos nos dejen del todo satisfechos. Hay recuerdos y sensaciones que no se pueden borrar, y solo quedará la nostalgia. Always.
Mi colección

Calificación: Cinco espadas

Lo Mejor
  • Crea empatía con el protagonista
  • Los secundarios están bien perfilados
  • La pluma de Rowling crece junto a Harry
Lo Peor
  • Los últimos tres tomos dan más rodeos
  • Ciertos trucos y pociones sacados de la manga
  • La mitad del último libro da pereza

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4 comentarios

  1. Bueno, yo las lei de adulta...y me encantaron, me dio pena no haber tenido una saga asi cuando estaba en el secundario...Igualmente Rowling me parece muy buena escritora, leo los otros 3 libros que escribio para adultos y me gustaron mucho, asi que habria que ver...quizas nos vuelva a sorprender...

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    1. Yo de sus libros para adultos no he leído nada, me llama la atención The Casual Vacancy, pero yo creo lo dejaré para después. Gracias por leer y comentar, saludos!

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  2. Estaba pensando al leer tu comment de los negativos de Deathly Hallows. Estoy de acuerdo que es una conclusión atronadora, épica y necesaria (si bien predeciblemente campbelliana), pero cómo falla el tercio del libro entre el asalto al ministerio de magia y el asalto a Gringotts! Es como si Rowling hubiera falseado horrible al sacar a sus personajes de Hogwarts, donde siempre los había tenido entre los libros 1-3 y de donde los sacaba para los clímax de los libros 4-6. Pero tenerlos afuera tanto tiempo resultó un atorón -en la película todo este periodo es famoso porque pusieron esa canción de Nick Cave, un cantante de música atmosférica y melancólica que te puede dormir si lo escuchas con sueño-
    Deathly Hallows debió haber sido el mejor libro de la saga, pero con este error le cede ese lugar graciosamente al Cáliz de Fuego, el libro que le ganó el Hugo a Tormenta de Espadas. ¡Qué año el 2001!

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    1. Buenas, Joaquín! Sí, ciertamente el tomo en su conjunto le resta calificación por ese pasaje, aunque logra darle una correcta conclusión.
      Yo eso de los premios no lo entenderé, estoy de acuerdo que El Caliz es excelente, pero quizá a los Hugo les dejó atónitos el salvajismo de Tormenta de Espadas, jaja

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